En la víspera misma del concilio Vaticano n, en septiembre de 1962, Juan XXIII sugería una innovadora perspectiva pastoral y teológica al hablar de Iglesia de los pobres. "Frente a los paIses subdesarrollados-decía, en un texto muchas veces citado-, la Iglesia es, y quiere ser, la Iglesia de todos y, especialmente, la Iglesia de los pobres". Si bien la propuesta tuvo pocas repercusiones inmediatas, la intuición hizo su camino. Ella expresaba una sensibilidad a las nuevas cuestiones que la humanidad se planteaba y una voluntad de escucha de lo que el Señor nos dice, a través del devenir histórico. Es decir, sugería una lectura de "los signos de los tiempos", una invitación a tener una mirada perspicaz, crítica y a la vez esperanzada, sensible a los elementos positivos del momento, por dificil que luzcan, pero alerta, asimismo, a los nubarrones en el horizonte. Resulta significativo que. al recordar el cuarenta aniversario de esa intervención y del inicio del concilio, nos encontremos aquí para reflexionar teológicamente sobre las pistas que se abrieron en ese entonces y por las cuales se enrumbó la vida y la inteligencia de la fe de la comunidad cristiana latinoamericana. Perspectiva que se manifiesta en el compromiso prioritario con los últimos de la sociedad y que se formula como la opción preferencial por los pobres. Permítanme compartir algo personal. Me alegra que esto ocurra en la Universidad de Notre Dame, donde, fraternalmente acogido, en el verano de 1967, tuve la oportunidad de preparar un curso-que luego daría en la Universidad de Montreal, en julio de ese año-acerca de la significación bíblica de la pobreza y del pobre. Uno de los primeros pasos de lo que al año siguiente empezaríamos a llamar teología de la liberación.
Páginas: Memoria y Profecía
Autor
Gutierrez, Gustavo
Editorial
Centro de estudios y publicaciones
ISBN
Año de edición
2003
Páginas